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Mostrando entradas de diciembre, 2009

En el amor y en la guerra, todo vale

“Yo solo entiendo de ovejas y de mujeres”, solía repetir Antonio Burguillo, que se había ganado la vida como pastor desde que se quedase huérfano de padre con trece años. Ya antes, con sólo tres años, había perdido a su madre, quedándose huérfanos de madre él, su hermano y sus dos hermanas. Antonio vivía feliz en un Urraca Miguel, un pueblo de Ávila, alejado del clima político que inundaba la España del 36, cuando el bando franquista lo reclutó para la guerra civil española. 
Antonio acababa de cumplir 18 años y dejaba en el pueblo a su novia de toda la vida, que, además, era su prima. Un año y medio en el frente y el mismo periodo en retaguardia como cocinero. Cuando acabó la guerra y volvió a su pueblo, apenas quería recordar nada, tan sólo a su amigo José, compañero de penurias durante aquellos tres años de contienda. José era un hombre de Huelva, un panadero que, antes de despedirse le dejo unas señas y le dijo que si alguna vez necesitaba algo, en Huelva tendría una casa y una fam…

Carmen Fuentes, Javier Reverte, Beatriz Cortazar y Mikel Ayestarán

Habla apresurada y mostrando mucho sentido del humor, como si todo hubiese sido un camino de rosas. Y no fue así, de hecho, la última -y ni siquiera la nombra- fue la que le hicieron hace unos meses, cuando fue una de las periodistas afectadas por el ERE de ABC. Pero de eso no quiere hablar, prefiere contar mil y una aventuras de los más de cuarenta años en la empresa, en su casa. Carmen Fuentestiene un aspecto jovial aunque debe rondar los 60 años. Es la primera visita de la semana y nos habla del género de la entrevista. "¿Qué es lo primero que hace al levantarse?, le pregunté a Andy Warhol", nos relata, "y él me contestó: pis". Halaga a Julián Marías y critica a las folclóricas y recuerda con añoranza sus primeras entrevistas: "mis primeros ridículos, me decían: entrevista a... y no me daban tiempo ni para enterarme de a qué se dedicaba el entrevistado... y con lo poco que yo sabía entonces.... Tenía que improvisar... pero la improvisación es sinónimo de fra…

Ya no se hacen películas como las de antes...

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Había una vez un hombre... que se hizo un blog y empezó a escribir en él críticas de cine. Y es que el cine le gustaba mucho... Un día, de pronto, llamaron al hombre los de la Butaca y le propusieron sumarse al plantel de críticos. El hombre aceptó y, así hizo, de su hobby, un trabajo. Luego fue pasando el tiempo... Mientras, el hombre siguió también en su trabajo, un periodista entre libros y libros y libros... Y como era un poco inquieto, empezó también a salir en la tele y a hacer un programa de radio... Y así, como le pasan a él las cosas, de pronto un día le llaman para ofrecerle que publique sus críticas en un libro. Pero no es cuestión de oportunismo ni de casualidades, ni de tener la suerte de su parte, sino más bien, de perseverancia, optimismo y voluntad, de trabajar mucho y del que vale, vale, y él sabe de cine más que nadie. Aunque él, como sin darle importancia, lo cuente así: "Pues sí. Y tiene el corto y contundente título de Ya no se hacen películas como las de antes...…

Creer

"Todos creemos en algo hijo. Unos en unas cosas, otros en otra. El pájaro, los geranios, o las piedras del río no creen en nada, pero las personas sí, todos creemos. Ese cantante tan famoso que fue al Café cree en la música; si no, no hubiera podido cantar como lo hizo aquella noche. El tío Luis cree en la fuerza, en su oficio, en sus chicos. Hasta en las comidas que la tía le prepara. Tu padre creía en la República y luchó por ella, luchó y perdió; lo pagó muy caro, pero eso es lo de menos, aunque duela tanto. Lo de más es que luchó por lo que le parecía justo.  Que tú dejes de creer en algo de lo que te enseñaron de pequeño es normal, la vida no se detiene por ello; te quedarás vacío un tiempo, y luego descubrirás cosas nuevas en las que pondrás tu confianza, y alguna, ya lo verás, te hará entender mejor todo esto. Deja que pase el tiempo y no te preocupes más, yo estoy aquí, contigo."
La forja de un rebelde, ARTURO BAREA

Descripción

En el techo, destartalada, una luz artificial y amarilla constantemente encendida. Sobre el suelo, de un parqué que nunca está limpio, pañuelos de papel, unas babuchas y una papelera naranja, del mismo color que las paredes. Entre el techo y el suelo, la vida, o eso espera.
En una esquina, un armario blanco decorado con un mapa mundi: los lugares a los que nunca viajará. Una hoja de calendario llena de anotaciones, de citas impuestas. El cartel que anuncia un espectáculo de baile: promesas, anhelos.
El armario no cierra, está repleto de ropa descolorida, de zapatos con las suelas despegadas. Se entreven accesorios inútiles y cuadernos amontonados. Sobre el armario, una montaña de libros en los que buscar otras vidas, en los que olvidar la propia. Amontonados también, la esterilla de un gimnasio al que nunca fue, el casco de una bici que nunca monta, un montón de CD´s repetidos, los mismos que suenan, en ese momento, por el ordenador, situado en la mesa.
La mesa está pegada a la otra p…