Ander Izagirre, el chico que aprendió a escribir sobre pedales

El día que comprendió que de su pasión ciclista no iba a hacer su profesión, Ander Izagirre decidió que aprendería a escribir sobre pedales. Y así lo hizo, y se convirtió en periodista viajero, en un reportero de maleta en la puerta preparado siempre para subirse a una bici, a una vespa, o calzarse unas botas y echarse a hacer camino.
Izagirre es vasco, de San Sebastián, y tiene 33 años. Necesitó salir de su ciudad natal para darse cuenta de que también en ella podría encontrar historias interesantes. Así se iniciaron los descubrimientos que alimentarían sus sueños. Tuvo que irse para poder regresar. Al principio, Ander pensaba que las buenas noticias, que las historias interesantes, estaban siempre demasiado lejos de él. Pero un día, conoció en el monte Ulía, al lado de su casa, a Josetxo Mayor, un hombre que cuidaba piedras. Supo ver que detrás de ese hombre, y a tan sólo unos pasos de su casa, se encontraba un reportaje estupendo. Aprendió que un periodista debe andar siempre con los ojos muy abiertos, pendiente de todo: "Un viaje no es cuestión de kilómetros, sino de miradas", añade.
Aquella historia dibujaba a un hombre que dedica toda su vida a ser el cuidador del monte. Josetxo subía cada mañana al monte Ulía para limpiar sus senderos. Porque creía en ello, por devoción. Ésta y otras historias fueron publicadas en el libro Cuidadores del mundo, un collage de personajes que, como dice el autor, "con sus pequeños gestos, sostienen el mundo".
Ander Izagirre llegó ayer. Tenía pinta de desordenado y de utópico. De chico divertido y melancólico. Y me recordó a la imagen que aparece en una postal que tengo por casa. En ella, un chico pedalea en su bicicleta entre las nubes, sin dirección, hacia un cielo abierto rodeado de pájaros. Pero no sé, quizá eran sólo las primeras impresiones.
Ahora, Ander acaba de regresar de Bolivia, donde ha hecho unos reportajes sobre unos niños mineros. Pero esos reportajes estarán en sus cuadernos, ya que aún no ha logrado que ningún medio de comunicación se los compre. Es lo que tiene este periodismo encorsetado y de agenda que protagoniza los medios, y que no deja hueco para otro tipo de periodismo, para los "reportajes con botas".
Ander confiesa antes de marcharse que si fuese un hombre precavido habría cerrado la venta de los reportajes antes de hacer el viaje, pero que, más que un hombre precavido, es un hombre sin remedio... pero que el viaje habrá merecido la pena sólo por haberlo hecho. Ya encontrará el modo de hacerlo rentable. De buscavidas también tiene pinta. Al fin y al cabo, no parece ser un hombre con prisas, y como él dice, "para perfilar los detalles y hacer un buen reportaje, es necesario perder el tiempo".

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