Manual infalible para perderse por Lisboa

Suena a fado y sabe a bacalao y a sardinas. Sus blanquecinos suelos tipo mosaico, tan característicos del país, hacen indiscutibles las pisadas. Sus colinas, y en consecuencia, sus miradores: impresionantes vistas como las que te regala el inconfundible castillo de San Jorge. Sus azulejos. Sus tendederos de rutinas diarias ubicados en cada pequeña plazuela. Sus portuguesas con pañuelo en la cabeza. Sus tazas blancas de café.

Lisboa es melancólica como su música. Y alegre como sus habitantes. Y despierta como sus turistas. Lisboa es una ciudad perfecta, y económica, para un viajero solitario y soñador, y es igual de maravillosa para acoger las risas y el calor de los grupos de amigos.

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El fado acompaña durante toda la visita, el fado regalado con una majestuosa generosidad, con la sinceridad que tan sólo contiene el presente. Escondida en una pequeña taberna a los pies de unas escaleras, una portuguesa cantante de fados relata a los viajeros que ella es una mujer de mundo: “Nunca me sentí portuguesa, no soy de Lisboa ni de ninguno de estos lugares, yo soy del mundo entero, yo vivo en todas partes”. Luego canta y ofrece vino. Luego continúa, tras esbozar una sonrisa, con la historia de su vida: “Jamás salí de Portugal, ni siquiera conocí España, sin embargo, mi modo de viajar es otro”. Lisboa es esa cantante de fados. En Lisboa hay muchas mujeres como ésta y cada una es única. El viajero atento sabrá encontrarla… y sentirla en la letra y el tono de su canción.

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