Bisbal, una mochila y unos vaqueros desgastados para llegar 'Al final de la carretera'


Las crisis asociadas a los años no tienen nada que ver con la edad. Hay quien dice tenerla a los 17, a los 23 o a los 56. ¿Pero qué edades son esas para tener una crisis? No es cuestión de la edad, pero sí hay algunas que imponen más que otras. Como las que acaban en 0. Ahí el punto de partida de los protagonistas de esta historia, a los que cumplir 40 años les sienta muy mal. 

O más que mal, les sienta bien pero a su manera. Les trastoca su cómoda existencia, les hace pensar. (Eso también le pasará al espectador, porque camuflada como comedia, Al final de la carretera es una historia que insta a reflexionar). Cuándo se traspasan las líneas entre lo que hacemos, lo que queremos hacer y lo que se espera que hagamos. Es la recurrente Historia de una escalera en versión moderna. Los sueños que dejamos a medias a medida que apagamos velas, y los sueños que cumplimos sin ni siquiera saber si son sueños propios o heredados de una educación impuesta en civilizaciones de un primer mundo de ovejas del mismo rebaño. 

El 40 cumpleaños del protagonista y la idea precipitada y confusa de la huida: lanzar por el tejado a David Bisbal, coger una mochila, unos vaqueros desgastados y hacer autostop sin pensar en la hipoteca del chalet, la educación de los niños o el qué dirán los vecinos. 

Reflexiones que ponen en pie, con muchísima gracia y frescura, cuatro personajes caricaturescos pero a la par muy reales. Manuel Baqueiro interpreta a Rafael, el cumpleañero, el eterno adolescente atrapado en un padre de familia. Su mujer, Laura, que encarna una Melani Olivares que se crece a medida que se baja de sus tacones para ponerse a la altura de un marido atrapado (y angustiado) en sus sueños. La pareja antagonista la encarnan Victoria y Alfonso, a quienes dan vida Marina San José y Raúl Peña. Si él se mete en el bolsillo al público en cada duelo musical, ella desborda simpatías y precisión con esa mezcla de pija alocada, divertida y dominante, que cambia de registro como de llave de karate. 

Todo apunta a que a base de funciones -estrenaron hace unos meses en Huelva y hoy han cerrado la temporada en Madrid-, los cuatro actores han ido cogiendo fuerza y soltura hasta conseguir dibujar unos personajes llenos de matices que crecen a lo largo de la función. 

Al final de la carretera es una obra divertida y reflexiva llena de contrastes, en la que además uno de sus principales ases reside en la puesta en escena. Cuidada y medida dirección de Gabriel Olivares (traducción y adaptación de Juan Carlos Rubio, de un texto de Willy Russell), que genera un espacio onírico lleno de fantasías. La realidad y la monotonía se rompen a menudo con ocurrentes juegos de música y luces que mantienen al público despierto y entregado durante todo el espectáculo.
Lo dicho, no sabemos si terminada la capital, les quedarán kilómetros por recorrer, pero si Al final de la carretera aún hace paradas en las Nacionales de sus localidades, no se la pierdan...

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