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Mostrando entradas de marzo, 2017

Menorca y el regreso a los ritmos lentos

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Al hacer el amor, al contar cuentos a nuestros hijos… Nos entra el virus de la prisa”. Así lo explicaba Carl Honoré en su libro Elogio de la lentitud. El autor propone, frente a la ansiedad, una apuesta por la cultura del ‘slow life’, por pararse a degustar el instante. Una necesidad que nos lleva a imaginarnos perdidos, sin móviles ni emails ni prisas, en mitad de paraísos que se antojan oníricos. Pero existen. Fuera de temporada, las Islas Baleares son un oasis de tranquilidad donde una escapada ‘detox’ hace desconectar infinitamente más (y mejor) que diez días de vacaciones en un destino masivo.
Es el auge de la calma. Recorrer los faros de la isla, baños de barro, paseos por la playa y un tour por la Ciutadella. Es llegar a Menorca, reserva de la Biosfera, para detenernos. Vivir el deporte, respirar, contactar con la naturaleza, descubrir sus caminos rurales… Y rejuvenecer.
Las alternativas son muchas. Algunas intimistas, como la que propone Elka Mocker, coach de salud y estilo d…

India, desarmando mitos

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Desde el esplendor a los harapos, de los palacios al hambre, de las lámparas de Aladino y la selva a las cien lenguas. Con contradicciones describía el escritor Mark Twain la India, destino que se sueña antes de abarcarlo. Forma parte de nosotros desde que nos imaginamos recorriendo no sus grandes monumentos, sino sus pequeñas callejuelas, agarrándonos a la literatura que sus escenarios nos evoca, anclándolos a nuestras entrañas. El autor de “Las aventuras de Tom Sawyer” recorrió India a finales del XIX y la describió como “la madre de la historia, la abuela de la leyenda y la bisabuela de la tradición”.
Pero India no es el país idealizado por tantos. Es aprender a encontrar nuestros prejuicios para seguidamente desarmarlos. Como ocurre cuando se llega a Delhi, Agra o Jaipur, las tres ciudades más visitadas del noroeste del país. Distantes entre sí unos 250 kilómetros, conforman el conocido como ‘Triángulo dorado’: una ciudad rebosante de vida, Delhi; la belleza de los monumentos del…

Feliz día de la mujer trabajadora, feliz día de la coherencia

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Me crié entre dos mujeres, mi madre y mi abuela. De ellas, sobre todo de la primera, aprendí la independencia entendida como autosuficiencia, a llevar siempre las riendas de mi vida. Pero también, sobre todo de la segunda, aprendí a deshacerme de lo que ahora llamamos ‘micromachismos’ pero que entonces eran detalles como entender que ese cartel que colgaba en la cocina indicando que “la mujer y la sartén en la cocina están bien” no tenía una excesiva coherencia. Aprendí de ellas también que el “Péinate y compórtate como una señorita” podía transformarlo, como hacia mi madre, en o no pintarse jamás o de hacerlo marcarse solo unos labios rojos intensos. Pero aprendí después, también, que esas creencias ni eran buenas ni malas si no jugaba a los excesos, si las basaba en la coherencia, que igual de "correcto" era no pintarme que hacerlo como si saliera a escena, odiar planchar que gustarme cocinar y hacer mermeladas, decidir que quería tener familia numerosa o que en mi casa n…