Redescubriendo a Quiroga

Rioplatense: Natural de Uruguay, amante de Argentina. Precursor, pionero. Contradictorio. Necesitaba el esfuerzo físico para dibujar palabras. Sensibilidad poética.

Luchador; lejos de abandonarse a sus desgracias (las muertes bruscas siempre rondaron por su entorno), las enfrentaba. Sueños de nobleza, desertor de bohemias. Amó Buenos Aires, odió París. Y consecuente hasta el final: obsesionado con ser dueño de su vida, no dejó a la enfermedad cerrar su último acto y se suicidó antes de que el cáncer que le habían detectado decidiera por él.

Horacio Quiroga hizo de él mismo un personaje, se construyó. Hechizado por Edgar Allan Poe y Rudyard Kipling, amante de la literatura rusa, y maestro del cuento latinoamericano. Rompió fronteras y rehizo la prosa. Ahora, la editorial Páginas de Espuma acaba de publicar «Quiroga íntimo (Correspondencia. Diario de viaje a París)», a cargo de la profesora de la Universidad de Granada, Erika Martínez, y que está teniendo una gran acogida en Latinoamérica.
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