Chris Stewart: «El humor es una buena manera de alcanzar a la gente»

Fue batería del grupo Genesis, esquilador de ovejas en Suecia, y aventurero sin remedio. Chris Stewart no dejó de reírse durante toda la entrevista. Se ha ganado a pulso su fama de divertido. 
 
Un día, el escritor decidió abandonar su Inglaterra natal y trasladarse, junto a su mujer, a una casa en la Alpujarra granadina. Ni luz ni agua ni nada. Los primeros diez años los dedicaron a construir su «paraíso privado». Después contó la experiencia en el libro «Entre limones: historia de un optimista», que rápidamente se convirtió en éxito, y al que le siguió «El loro en el limonero». Loro que, por cierto, murió hace unos meses. Esta pasada primavera, Stewart regresó al panorama literario con «Tres maneras de volcar un barco», de la editorial Salamandra, que narra las peripecias que su autor vivió hace treinta años cuando, sin haberse subido a un barco en su vida, le propusieron ser el patrón de un velero durante todo un verano por las islas griegas. Él, que le cuesta decir no, aceptó.
«Soy inglés, y uno de los defectos que tenemos los ingleses es el exceso de modestia. No puedo decir: “Este libro es estupendo”. Pero sí que te ríes, que es muy ligero y asequible y que aunque entretiene, también conmueve. A mí me gusta escribir con gracia, lo que soy es un payaso.» Así lo describía él entonces. 
Esta noche llega al Hay Festival de Segovia para participar en un laboratorio multimedia sobre la práctica del periodismo cultural en la era digital, junto al director literario de «Plaza&Janés», David Trías; el fotoperiodista Álvaro Ybarra Zavala; el redactor jefe de Cultura de ABC, Jesús García Calero; y la responsable de Cultura de ABC.es, Inés Martín Rodrigo.
 
– ¿La clave está en el sentido del humor?
– Exactamente. Mira, acabo de volver de Níger, África. Fui con Oxfam a hacer un reportaje sobre la incipiente hambruna. La mitad de la población padece la falta de alimentos, sus animales se mueren y las perspectivas de futuro son muy malas. Era la primera vez que hacía este tipo de reportajes, y pensé: «Yo soy un escritor de cosas graciosas, de playa... No sé cómo voy a escribir sobre temas tan serios». Pero me di cuenta de que aunque no se puede hablar en un tono ni ligero ni cómico, el humor es una buena manera de alcanzar a gente que de otro modo no lo leería, el humor es un arma incluso para tratar cosas más serias.
 
– ¿Y además de humor, qué otros ingredientes no faltan en sus novelas?
– La filosofía. No es que la ponga intencionadamente, sino que forma parte de mí. Un libro es la esencia de la persona que lo escribe. Describo mi manera de pensar. Tenemos que aprender a vivir de una manera más responsable. No quiero ser moralista, pero este libro es también un viaje en busca de la belleza de la vida. Son imprescindibles la belleza, el amor, la naturaleza... Soy un viejo hippy poco materialista.
 
– ¿Pero todas las historias que cuenta en sus libros son estrictamente reales o le echa un poco de cuento para darle emoción?
– Jajaja. Buena pregunta... Este libro está escrito treinta años después de haberlo vivido. Y no tomé notas ni apuntes porque no estaba pensando en escribir. Pero bueno, muchos libros se escribieron treinta años después de los acontecimientos. El tiempo es un filtro que quita las cosas más aburridas y pule las más destacadas. Pero es todo cierto, no soy capaz de inventar nada.
 
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