Honor, familia y disciplina, los valores de un deporte emergente: el Airsoft



Presencia de mujeres en el Airsoft


Uniformidad militar. Dos equipos enfrentados. Un campo de batalla normalmente alejado: campos, colegios abandonados, terrenos perdidos. Armas, bolitas y adrenalina al cien por cien. No todo el mundo sabe quiénes son ni cuál es el nombre de esta actividad deportiva, aunque la mayoría de la gente cuando los ve, les suena haberlos visto antes. En los últimos veinte años el número de participantes (lo practican actualmente unas 160.000 en España), así como su visibilidad se ha multiplicado. Se trata del Airsoft.

El Airsoft es una actividad deportiva (aunque legalmente no está considerado un deporte, aunque sí en el reglamento de armas) que se basa en juegos de estrategia de simulación militar.

“Simulamos ser miembros de un ejército o de algún grupo. El nuestro en concreto simula a una unidad ranger del ejército estadounidense”, explica Juan Francisco González Alonso, miembro fundador del grupo Ranger Canarias, 4º Batallón, creado hace seis años, convertido desde hace dos en asociación deportiva.

“Hay gente que lo considera un deporte y otros una afición; legalmente no se lo reconoce; consiste en dos equipos de personas que se enfrentan, llevando una serie de marcadoras (armas lúdico deportivas de cuarta categoría).

Aunque algunos jugadores como González no consideran estas marcadoras como armas, la ley así las reconoce, lo que implica que cuando un jugador quiere realizar esta actividad debe tener una licencia específica. En concreto para poseer una de estas réplicas se exige un certificado médico y otro que demuestre que no tiene antecedentes penales.

“Las bolas pican, pero no hacen un daño real”, asegura el fundador, que destaca en este sentido la importancia de que los jugadores estén bien formados. Asimismo, asegura que no se trata de un juego practicado por personas violentas.

No son violentas. “Es igual que en el futbol; no se le puede considerar violento porque a veces se peguen patadas, pues tampoco aquí porque se peguen tiros”, apunta el jugador, que destaca que prueba de ello es que cuando surge un conflicto se soluciona al final de la partida con la intervención de los coordinadores de los equipos implicados.

Por el contrario, González le imprime al Airsoft otra serie de valores, especialmente tres: honor, sacrificio y familia. “Honor porque sin él no se puede jugar. No pasa nada porque te hayan eliminado, pero hay que decirlo”, detalla.

Por su parte, sacrificio debido a que es una afición que requiere tiempo y dinero. “No es barato. Una buena réplica puede costar 300 euros, y una uniformidad especifica por ahí o más. Además hay que comprar las protecciones: cascos, gafas… Y la calidad hay que pagarla”. Por último, sobre la familia, el jugador destaca: “Nos tratamos como familia, tanto los que ya llevamos tiempo como los nuevos, y fomentamos el aprender unos de otros”.

Una de las variables que González señala como negativas es que “no hay suficientes sitios donde practicar”. “Hay una gran masa de equipos que se mueven y no encontramos respuestas en las autoridades ni a nivel local ni nacional. Además, en vez de facilitarlo, lo complican”, apunta el jugador, que empezó a los 16 años a practicar airsoft, y hoy en día, a sus 42 años, asegura que sigue produciéndole la misma adrenalina.

Reportaje publicado en Blasting News

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