Feliz día de la mujer trabajadora, feliz día de la coherencia


Me crié entre dos mujeres, mi madre y mi abuela. De ellas, sobre todo de la primera, aprendí la independencia entendida como autosuficiencia, a llevar siempre las riendas de mi vida. Pero también, sobre todo de la segunda, aprendí a deshacerme de lo que ahora llamamos ‘micromachismos’ pero que entonces eran detalles como entender que ese cartel que colgaba en la cocina indicando que “la mujer y la sartén en la cocina están bien” no tenía una excesiva coherencia. Aprendí de ellas también que el “Péinate y compórtate como una señorita” podía transformarlo, como hacia mi madre, en o no pintarse jamás o de hacerlo marcarse solo unos labios rojos intensos. Pero aprendí después, también, que esas creencias ni eran buenas ni malas si no jugaba a los excesos, si las basaba en la coherencia, que igual de "correcto" era no pintarme que hacerlo como si saliera a escena, odiar planchar que gustarme cocinar y hacer mermeladas, decidir que quería tener familia numerosa o que en mi casa no entraría ni una tortuga. De ellas aprendí la rebeldía. Pero esa rebeldía no basada en la agresividad, sino en la coherencia; no como una imposición, ni física ni mental, sino como una decisión. Lo aprendí de sus errores y de sus aciertos.

Tras esa sacudida educacional llegué al mundo laboral y el machismo se acentuó con el paternalismo. Las mujeres ocupaban los mandos de mis mesas redacción pero mejor que me acompañara el fotógrafo, otro redactor o hasta el novio de alguna a meterme en determinados meollos de noticias... Esa fue mi primera lucha laboral, hacer entender que no dependía de género alguno ni la prudencia y el olfato periodístico, ni el tener muy claro que “solo los periodistas vivos cuentan noticias”. Me convertí en una periodista con garra propia, alejando a jefes paternalistas y a entrevistados que se sentían entre superiores y defraudados porque la grabadora y la cámara la empuñaba una mujer. Aún así creo que, quitando a los elefantes de arcaicos periódicos en papel, el periodismo va en un buen camino en el respeto a la mujer. Y prueba de ello es que trabajo en una empresa que comulga con esa coherencia.

No ocurrió lo mismo en mi acercamiento a otro campo laboral. La luz llena de sombras. Ser técnica de cine o espectáculos es entrar de lleno en prejuicios arraigadísimos de que es una profesión de hombres, es tener que demostrar la valía con el mismo empeño que recién salido de los estudios, es luchar por lograr que esa ropa negra no te vuelva invisible. Es tener que demostrar el doble, es que aún decir técnica en lugar de técnico cueste hasta a las propias técnicas.
Al margen de que unas profesiones sean más machistas que otras creo que el gran campo de batalla en lo laboral está en estos momentos la conciliación. La casi imposible conciliación entre vida laboral y desarrollo de la profesión con la vida familiar, con nuestro propio ocio; y en ello va la necesidad de expulsar de nuestra vida la culpa: por no querer tener hijos, por querer trabajar aunque tengamos hijos.

Y de esa conciliación llegamos al plano afectivo/sexual/emocional… La vida misma, la lucha, está día a día en este campo, seguramente, el más atrasado, el de las libertades y la autosuficiencia. No asumir esos roles aprendidos, no ser sumisas a unas ideas en las que no creemos. La revolución empieza siempre desde dentro. A lo largo de mi vida he tenido que defenderme en muchas ocasiones, incluido por haber elegido a una mujer como compañera de mi vida. Una discriminación más otra, un miedo y un rechazo más otro. Rechazos que hacen necesaria la visibilidad en jornadas como la de hoy, pero no desde el carro del populismo, ni de sumarte a espirales, sino desde la realidad tangible y gris. Ni siquiera porque somos mujeres, sino porque somos personas comprometidas, coherentes. Porque es hora de no tener miedo, de no sentir culpa por no saberlo todo ni culpa por tomar una u otra decisión pensando en nosotras mismas y no en nuestros hijos ni en nuestras parejas o entorno. Porque los roles de madres, cuidadoras, esposas solo los cumpliremos si queremos desarrollarlos. Porque sí queremos ser princesas lo seremos. Pero si no queremos serlo no lo seremos. Y ambas opciones son válidas. Si queremos ser abogadas, luceras, camioneras, periodistas, solteras, heterosexuales, lesbianas, casadas, poliamorosas, madres, técnicas, astronautas, cineastas, líderes, ociosas. Si queremos ser, seremos. Pero debemos poder elegir, elegir nosotras.

Feliz día de la mujer trabajadora, feliz día de la coherencia.

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